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2021-06-06 | Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Lecturas de la Misa

Éxodo 24, 3-8.

Salmo 115.

Hebreos 9, 11-15.

Evangelio según san Marcos 14, 12-26

 

HOMILÍA


En esta Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, leemos el Evangelio de San Marcos. Y allí, hay varios párrafos, toda la primera parte del Evangelio que hoy proclamamos, está dedicada a los preparativos de la comida Pascual. Es decir, más que hablar de lo que fue la última cena, el Evangelio de hoy, dedica mucho tiempo, o varios párrafos, a los preparativos de la comida Pascual. Y en esos preparativos de la comida Pascual, seguramente, hay un mensaje. Porque el Evangelio siempre tiene algo nuevo para decirnos. Es Palabra Nueva, es Palabra Viva. Por eso, quisiera con ustedes compartir, primero, cuáles pueden ser algunas de las ideas y los mensajes que nos dejan estos fragmentos de los preparativos de la comida Pascual.


Hay dos preguntas en estos preparativos de la comida Pascual. La primera pregunta la hacen los discípulos: ¿dónde querés que vayamos a prepararte la comida Pascual? Es decir, ellos le preguntan a Jesús: ¿Dónde querés que vayamos a prepararte la Pascua? La otra pregunta está en boca de Jesús qué les dice: "Vayan y repitan esto: 'el maestro dice ¿Dónde está la sala en la que voy a comer el cordero Pascual con mis discípulos?". Y enseguida dice: "Les mostrarán una sala grande y allí prepárennos la Pascua".


Las dos preguntas parece que se corresponden entre sí la primera: ¿Dónde querés que vayamos a prepararte la comida? La segunda: "¿Dónde está la sala en la que voy a comer la Pascua con mi discípulos? Prepárennos allí el lugar". Sin embargo, si uno les presta atención, en la primera pregunta parece que el que va a comer sólo es Jesús: ¿Dónde querés que te prepare la Pascua a vos? ¿Dónde querés que vayamos a prepararte a vos, Jesús, la Pascua? Como que el único que va a estar ahí es Jesús. Mientras que en las preguntas que hace Jesús y las respuestas que da Él, (Jesús) no ve esa comida Pascual como algo para Él solo. Jesús lo ve como algo para todos. Por eso dice "¿Dónde voy a comer la comida Pascual con mis discípulos?" Y después no dice más "prepararte", dice "prepararnos". es decir que Integra a todos los discípulos Jesús no puede entender esa comida como algo de él solo esa comida es de todos. Y aquí, quizás, el primer mensaje, la primera enseñanza para nosotros: ¿Podemos vivir nuestras misas, podemos vivir nuestras Eucaristías con un verdadero sentido comunitario? ¿Entendemos que nuestras misas son verdaderamente para todos? ¿o en realidad buscamos en la misa una relación intimista con Jesús? Jesús y yo, yo y Jesús, y no le doy lugar a los otros.


Los discípulos, con su pregunta, parecería que están pensando en una comida Pascual individual, donde el único que va a estar es Jesús, mientras que Jesús piensa una comida comunitaria. Por eso dice voy a comer "con" mis discípulos y por eso dice después "prepárennos" la comida. Qué lindo, entonces, que podamos volver a redescubrir el sentido verdadero de lo que es la Eucaristía, de lo que es la misa. No es una cosa entre Jesús y yo, es una cosa entre Jesús y nosotros. Es una verdadera comida con sabor a todos, como decíamos en la primera Carta Pastoral en el 2019.


Creo que esta idea de que es una comida de todos, es una idea que incluso podemos ir viéndola en la pequeñas cosas. Pienso en aquellos que preparan las misas con tanta dedicación, con tanto amor. Nos podemos preguntar: ¿Realmente es de todos? Cuando siempre leen los mismos, cuando a la gente nueva la miramos como de costado o se sienten como mirados ¿Realmente es de todos? Será entonces una posibilidad de que también, con estos pequeños signos de recibir bien, de dar participación a otras personas, de alguna manera, podamos experimentar que esta comida es de todos y que Jesús le prepara para todos.


Una segunda cosa de esta preparación de la comida Pascual. Jesús le dice a los discípulos: "Vayan a la ciudad y allí encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo". Un hombre que lleva un cántaro de agua. Me quedé pensando ayer. Me imaginaba quién podría ser. No tenemos el nombre. Seguramente sería un hombre de pueblo, un hombre sencillo, que quizás, rutinariamente, casi de manera aburrida, iba al pozo a buscar agua para llevar el agua a la casa de su señor. Sería un siervo, un esclavo. No sabemos ¿Qué estaría pensando ese hombre todos los días llevando y trayendo el agua? Lo que sí se sabe, es que en la cultura de aquella época, ese trabajo de llevar y traer agua en los cántaros, era un trabajo propio de las mujeres. Era una tarea femenina, no era propio de los varones hacerlo. Por lo tanto nos podemos imaginar también, si se estarían riendo de él, si lo discriminarían por hacer una tarea que era propia de las mujeres en aquella cultura ¿Cómo se sentiría él con todo eso? Se sentiría, realmente, poca cosa. Sentiría que, en realidad, su trabajo no valía. Se sentiría un personaje ridículo haciendo una tarea que es propia del otro sexo. Sentiría que nadie se fijaba en él más que para reírse. Sin embargo, parecería que estas personas, estos hombres y mujeres anónimos, de pueblo, para Jesús, son importantes.


Este hombre es muy importante para Jesús. Este hombre es tan valioso que es el indicador de a quién tienen que seguir los discípulos para llegar a preparar la comida Pascual. Qué lindo, en este tiempo en el que tantos hermanos sienten que su esfuerzo no es valorado, en el que tantos hermanos que dedican su vida a los demás rutinariamente dicen "nadie ni siquiera me agradece", en este tiempo en que tanta gente hace cosas por los demás solidariamente y no aparece en la etapa de ningún diario, puedas sentir que para Jesús sos importante, que tu esfuerzo, que tu trabajo, que tu vida, para Jesús, vale la pena. Como también este hombre del cántaro de agua es importante para Jesús. Tan importante, que los discípulos tendrán que seguirlo a él para llegar al lugar donde se va a preparar la comida Pascual.


Lo otro que también pienso: el dueño de casa les muestra una sala. Una sala en la que pueden celebrar la Pascua ¿Y cómo es esa sala? Esa sala, dicen que es una pieza grande ¿Qué significará esto de que es grande? Significa que hay lugar para todos. Así tienen que ser nuestras Eucaristías. Que realmente todos se sientan protagonistas.


Dicen que es en el piso alto. Yo me imaginaba, porque nuestras misas tienen que estar por encima de nuestras ideologías. Por eso en una pieza alta. Tiene que estar por encima de lo que cada uno de nosotros piensa políticamente. Tiene que estar por encima de nuestras diferencias. Porque con la Eucaristía tenemos que volar alto, haciendo realidad el sueño de la fraternidad universal.


Dice que está arreglada con almohadones. Y uno piensa, entonces, que es un lugar cómodo. Un lugar en el que todos nos podamos sentar y podamos allí descansar nuestras penurias, podamos allí poner nuestras tristezas, podamos allí descansar de tanto esfuerzo, podamos allí descansar nuestras fatigas. Por eso con almohadones. Así también tienen que ser nuestras misas, en las que cada uno pueda descansar su vida y la ponga desnudamente sobre el altar. Porque es allí donde se transformará, después, en ese milagro que es el Cuerpo y Sangre del Señor.


También dice la lectura que esta sala grande, en el piso alto, con almohadones, ya está dispuesta. Es decir, está todo listo, sólo tenés que acercarte. Que también está misa del Cuerpo y Sangre de Cristo, sea el sentido de que todos somos bien recibidos en la mesa de Jesús.


Por eso también es importante que siempre relacionemos la última cena de Jesús con las demás comidas. Con las comidas en las que Jesús se reunió con los publicanos y los pecadores. Con la comida de Jesús en la casa de Marta y María en Betania. Con la comida donde hubo una fiesta, en la parábola del hijo pródigo. Con la comida en la casa de Zaqueo, que lo recibe a Jesús. Tenemos que relacionar esta última cena con las otras comidas, porque todas ellas son encuentro con Jesús. No encuentro con rituales vacíos, encuentro con la persona de Jesús y así tienen que ser nuestras misas. Tienen que ser encuentros con Jesús. Y entrar en comunión con Jesús, es entrar en comunión con sus ideas, es entrar en comunión con sus opciones, es entrar en comunión con lo que es Jesús. Estar en una misa y comulgar a Cristo tiene que significar parecerme cada día más a Él en la vida cotidiana.


En estos días, la Arquidiócesis de Buenos Aires, trabajó esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo con un lindo lema que me gusta: "Una sola dirección:- dice el lema- de la Eucaristía a las periferias". Entonces me permití pensar qué significa "una sola dirección: de la Eucaristía a las periferias". Y creo que significa que este encuentro con Jesús, Pan de Vida, sea encuentro con los hermanos, no hay vuelta, encontrarme con Jesús en el altar significa encontrarme con los demás. Y esa es la única dirección: desde el altar a las periferias. Desde el altar, a los que sufren. Desde la mesa del altar, a las calles. Desde mi corazón, al corazón herido de nuestro pueblo. Desde mi bolsillo, a las necesidades de los más pobres. Desde mi vida, a la vida de todos. Porque es como decía San Juan Crisóstomo, santo del siglo IV: "¿Quieres en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientas que esté desnudo. No lo honres con manteles de seda en el templo mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez".


Que está Eucaristía, que está comunión en la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, nos lleve en una sola dirección: desde el altar, hacia las calles. Desde el altar, a compartir la vida con nuestro pueblo.



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2021-06-06 Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo
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