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2021-08-08 | Homilía del 19º Domingo del Tiempo durante el año

Lecturas de la Misa

1 Reyes 19, 1-8.

Salmo 33.

Efesios 4, 30ss. 5, 2.

Evangelio según Juan 6, 41-51.

 

HOMILIA


Quisiera compartir con ustedes una reflexión en torno a la primera lectura. La lectura del Libro de los Reyes, porque me parece que habla mucho de nosotros. Aparece el personaje principal: el profeta Elías. El profeta Elías, que fue amenazado de muerte por la esposa del Rey Ajab, Jezabel. Nosotros, en este tiempo duro de la pandemia, hemos experimentado también lo que es la amenaza de muerte. No ya por la esposa de Ajab, pero si la amenaza de muerte ante el riesgo del contagio. Hemos experimentado y hemos sentido cerca la muerte por esto del COVID19.

Dice entonces la lectura, que el profeta Elías tiene miedo. Nosotros también hemos experimentado lo que es el miedo. Ese sentimiento que parece que por dentro nos carcome el alma, que nos paraliza. El miedo que nos angustia. El miedo por nuestros seres queridos. El miedo por las consecuencias de la pandemia, por perder el trabajo. El miedo de que nos pase algo, ha sido un sentimiento en común que hemos tenido como humanidad.

Continúa la lectura, diciendo que Elías camina por el desierto. Y caminar por el desierto es caminar sin un horizonte, porque todo es igual. Caminar por el desierto es, casi como decir, andar a la deriva, un poco perdido. Y así también, hemos estado nosotros en este tiempo: un poco perdidos, a la deriva, sin ver un horizonte, sin ver una salida en esta pandemia.

Y en algún momento de la lectura, continúa diciendo que Elías se cansa de todo esto y dice “¡Basta ya, Señor!”. En este “¡Basta ya, Señor!”, me parece que Elías expresa su sentimiento de hartazgo, de cansancio, de profunda angustia. Estoy seguro que nosotros también, con estas mismas palabras o con otras similares, hemos expresado, mirando al cielo: ¡Basta ya, Señor!, no damos más.

Termina diciendo, respecto al profeta Elías la lectura de hoy, que se acostó y se quedó dormido. Es lo propio, a veces, cuando uno ya está muy angustiado o deprimido, hacerse amigo de la cama. Justamente, a la gente que está depresiva, se le dice que no se quede en la cama, que no se deje atrapar por las sábanas, sino al contrario, que se levante, que levante las persianas, que abra las ventanas.

Creo que Elías nos representa a todos nosotros, porque un poco, algo de lo que nos contó la lectura del Libro de Reyes sobre el profeta Elías, nos pasa a nosotros también.

El otro personaje de esta primera lectura del Libro de los Reyes: el ángel. Recordemos siempre que la palabra “ángel” significa “enviado”, “mensajero”. Creo que tenemos que tener en cuenta que el ángel sale al encuentro de Elías. Y lo primero que dice es “lo tocó”. Cuanto hemos extrañado en este tiempo la posibilidad de tocarnos, de besarnos, de darnos la mano. De darnos, como dice una frase, esos “abrazos que nos reinician”. Esos abrazos que nos dan ganas de seguir. Nos hemos acostumbrado a saludarnos con el puño, a saludarnos con la mirada, pero nada de eso reemplaza lo que es tocarnos, besarnos, abrazarnos, darnos la mano en serio.

Dice (la lectura) que el ángel le dice a Elías “levántate”. Le está dando ánimo. Cuántas veces hemos escuchado a alguien que nos dice “vamos, dale, seguí adelante, no bajes los brazos, no te dejes ganar por la desesperanza”. Y le dice (el ángel) “come”. Le ordena que coma. En realidad, en esta orden “levántate y come”, está la fortaleza: dale, Elías, no te quedes. Dale, Elías, no te dejes ganar por la debilidad. Come.

Dice que después volvió otra vez a decirle “levántate, come”. ¿Por qué? Porque sabe, el ángel, que necesita de la paciencia para volver a insistirle a Elías, porque no es tan fácil. No es que hoy está mal Elías y enseguida, a los dos minutos, se pone bien. Insistir, con paciencia. Volver a decirle “levántate y come”.

Y le dice hacia el final “levántate, come. Todavía te queda mucho por caminar”. No le dice palabras fáciles. No es una propuesta facilista con olor a campaña electoral. Sino que le dice “te falta mucho por andar todavía”, “te falta mucho por caminar”. Lo anima seguir adelante, pero no le miente. Le dice que todavía falta mucho.

Creo que en este tiempo de pandemia, todos hemos sido un poco Elías. Y creo que todos hemos experimentado algún ángel, algún mensajero, algún enviado. Un amigo, un familiar, un catequista. Alguien que nos dijo en este tiempo “dale, levantate, no te quedes, dale. Una vez más. Queda mucho por andar”. Y seguramente, quizás alguno de nosotros también hizo de ángel para otros. También estuvimos animando a otros a que no se caigan. A que otros no anden a la deriva, sino que sigan adelante.

Por eso decía que la primera lectura parece que nos habla un poco de nosotros. Creo que hay un poco de Elías y un poco de ángel en cada uno de nosotros.

Pero quisiera hoy detenerme, especialmente, en otra frase de la lectura que dice lo que comió Elías. Dice que Elías, que estaba ahí queriendo morir le dice a Dios “¡basta ya, Señor!” y el ángel le dice “come”. Y ahí hay para comer una galleta cocida sobre unas piedras calientes y un jarro de agua. En realidad, esta galleta y este jarro de agua, lo que parece, es que representan algo mucho más profundo. Esta galleta y este jarro de agua, simbolizan el alimento que le da fortaleza a Elías para seguir adelante, que por otro lado, nos dice la lectura, no lo come una vez, sino que lo come dos. De alguna manera esa galleta y esa agua, simbolizan la fortaleza, simbolizan ese alimento interior qué necesita Elías para levantarse, para ponerse de pie y para no decaer.


Elías se fortalece con este alimento simbólico Y entonces me haría aquí la pregunta: nosotros que muchas veces hemos pasado por el estado anímico de Elías ¿qué consumimos para seguir adelante? ¿Cuáles son los alimentos, simbólicamente hablando, qué comemos para fortalecernos en el camino de la pandemia? ¿Qué consumimos para seguir adelante?


La segunda lectura de Pablo a Los Efesios nos alerta sobre algunos alimentos que quizás estemos consumiendo y que no hacen nada bien, y que no sirven porque no se empachan de veneno, de angustia y de miedo, y de bronca también.


La segunda lectura como les dije, habla de alimentos perniciosos. De alimentos, podríamos decir, que arruinan el estómago del alma. Dice la segunda lectura: la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos, la maldad. Y el comienzo del Evangelio de hoy, también agrega alguno de estos alimentos que envenenan: las murmuraciones, la discriminación, que experimenta el mismo Jesús cuando le ponen el cartelito de "¿no Es este el hijo de José?" "¿Quién es este que nos dice que es el pan de vida si nosotros conocemos a su padre y a su madre". Un fuerte rechazo a la persona de Jesús.


Fíjense, entonces, estos alimentos que nos envenenan no son alimentos que nos hacen bien, como el que comió Elías, sino que son alimentos que nos van destrozando por dentro. Amargura, arrebatos, ira, gritos, insultos, maldad, dice Efesios. Y agrega el Evangelio: murmuraciones y discriminación.


Me animo agregar uno más. Un alimento que nos ha hecho mucho mal en este tiempo, que ya lo he dicho en alguna misa, que son esos videos por YouTube, pseudo religiosos, con mensajes apocalípticos que en nombre de Dios nos angustian, que en nombre de Dios nos condenan, que en nombre de Dios nos hacen mal. Eso no es de Dios. Por los frutos los reconocerán, dice el Evangelio.


Cuánta porquería hemos consumido. Cuánto video que en realidad, lo único que hizo, fue hacernos más daño y generar mayor depresión que la que tenía Elías. Frente a esto, Jesús vuelve hoy a recordar cuál es el alimento que necesitamos, ya lo viene haciendo en los Evangelios anteriores. Se define a sí mismo como el pan bajado del cielo. Nos dice: “Yo soy el pan de la vida”. Y ahí vuelvo a la segunda lectura que en otra de sus oraciones, dice: “traten de imitar a Dios”. Y qué mejor manera que imitar a Dios que comiendo su cuerpo para transformarnos en aquel que recibimos. Qué mejor alimento que la palabra de Dios que hoy nos dice también: sean mutuamente compasivos, perdónense los unos a los otros, practiquen el amor, ofrézcanse a los demás, como Él lo hizo y lo hace en cada misa. Consumir el pan de vida, el mejor alimento. Consumir su Palabra y vivir sus consejos.

Estamos en el tiempo en el que comienza la campaña electoral y creo que va a estar bueno que nos preguntemos qué es lo que vamos a consumir. Qué comida vamos a recibir en este tiempo de campaña electoral. Creo que está bueno para que digamos que no queremos tragarnos mentiras. Que no queremos consumir promesas por un voto que después no se cumplen. Que no queremos estar empachados de afiches y propagandas publicitarias vacías de contenido. Que en realidad lo que queremos, es alimentarnos de esperanza. Que queremos alimentar nos de acuerdos y de consensos. Que queremos alimentarnos de diálogos y amistad social. Que queremos alimentarnos de propuestas reales que tengan prioridad por nuestra gente, especialmente, por los que más sufren.


Por eso, desde este lugar, quisiera pedirles a todos los políticos, a todos los candidatos, y por supuesto, a todos los que nos siguen por la radio, por la televisión y por las redes sociales, que quizás en este tiempo, podamos consumir, comer, alimentarnos del capítulo 5 de la encíclica última que escribió el Papa Francisco “Fratelli Tutti”. El capítulo 5 se llama "La mejor política". Creo que es un texto, realmente, para devorar. Es un texto para alimentarnos porque habla de lo que significa la mejor política, como expresión más alta de la caridad cristiana.

Ojalá entonces, rechacemos todos aquellos alimentos que nos envenenan: irá, insultos. Pero también, en esta campaña electoral: promesas falsas, discusiones vacías. No queremos estar empachados de afiches. Queremos alimentarnos de amistad, de acuerdos, de diálogo social y por eso invito a todos, a consumir, a leer, a reflexionar el capítulo 5 de la última encíclica del Papa Francisco "Fratelli Tutti".



LECTURAS RECOMENDADAS

Papa Francisco, “Fratelli Tutti”, nº 162.

 
2021-08-08 XIX Domingo durante el año
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