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Caminar diocesano...
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2021-11-28 | Homilía 1º Domingo del Tiempo de Adviento

Lecturas de la Misa

Jeremías 33,14-16

Salmo 24

1 Tesalonicenses 3, 12-4,2

Lucas 21, 25-28. 34-36


HOMILÍA

En este tiempo que nuestra Iglesia diocesana y toda la Iglesia del mundo está convocada por el Papa Francisco a esto de vivir la sinodalidad, a esto de caminar juntos, a esto de escucharnos, a esto de sentirnos todos protagonistas y guiados por el Espíritu Santo, hoy tenemos la oportunidad de empezar a caminar juntos este tiempo del Adviento.


Pensar el Adviento como un tiempo para caminar juntos, para caminar juntos hacia el encuentro con Jesús, para caminar juntos hacia la Navidad.


Creo que cuando uno va a caminar con otros, cuando uno tiene ganas de iniciar un camino tiene que tener claro hacia dónde va, tenemos que tener clara cuál es la meta. Y creo que hoy la primera lectura nos muestra la meta, comienza diciendo la primera lectura: “llegaran los días”. Qué hermosa promesa de Dios: llegarán los días, hacia allá vamos, hacia el cumplimiento de las promesas de Dios. Qué bueno tener claro el destino. Cuando uno no tiene claro el destino, si uno no tiene claro hacia dónde va empieza a perderse, a cambiar de camino constantemente. Eso es un poco, lo que le reprochamos muchas veces a nuestra clase dirigente, que no tenemos una meta clara de lo que queremos como país y entonces según el gobierno de turno vamos para un lado para el otro, pero no nos hemos podido poner de acuerdo en 4 o 5 puntos de política pública. No tenemos claro la meta y así nos va.


En este camino del Adviento parecería que la meta es el cumplimiento de las promesas de Dios, que la primera lectura lo dice con esta frase: "llegaran los días."


Por supuesto que también aparte de saber la meta también tenemos que saber cómo estamos en la línea de largada y me parece que hoy es el evangelio el que nos ayuda con las actitudes que tenemos que tener en esta línea de largada, con las actitudes que tenemos que tener para iniciar este camino del Adviento y dice: “tengan ánimo y levanten la cabeza”, tengan ánimo y levanten la cabeza, ningún camino puede ser recorrido mirando al piso, vamos a tropezar muy pronto, ningún camino puede llegar a la meta sí comenzamos ya cansados, fatigados, y diciendo no voy a poder. Ningún camino vale la pena ser recorrido sí ya me siento derrotado desde el comienzo, por eso entonces qué bueno tener como actitud positiva desde el comienzo esta frase del Evangelio: tengan ánimo y levanten la cabeza.


Y para recorrer un camino una de las cosas que tenemos que hacer es entrenar, tenemos que tratar de estar preparados para poder iniciar este camino y llegar a la meta, y creo que es entonces la segunda lectura de Pablo los Tesalonicenses la que nos da algunas pistas de cómo es este entrenamiento, nos dice: “que el Señor fortalezca sus corazones”, es decir que parece que hay que entrenar el corazón, hagan mayores progresos todavía, es decir el apóstol Pablo reconoce que en la vida el camino a veces es duro y que venimos haciendo esfuerzos pero nos propone más, hagan mayores progresos todavía.


“Vivan conforme a lo que han aprendido”, es decir, poner en actos aquello que creemos, creo que lo que nos está diciendo Pablo, de distintos modos, con sus consejos es pónganle garra, póngale garra, pónganle esfuerzo, fortalezcan su corazones, hagan mayores progresos todavía, vale la pena, pónganle garra para recorrer juntos el camino del Adviento. Y nuevamente me parece que es el evangelio y que después nos va a dar pistas para cuándo lo recorramos al camino.


Como dijimos la primera lectura nos muestra la meta hacia allá vamos: “llegaran los días en los que se cumplirá la promesa de Dios”. El evangelio nos decía cuál era la actitud con la que tenemos que empezar: “tengan ánimo y levanten la cabeza”. Queremos comenzar en positivo. San Pablo en la segunda lectura nos hablaba del entrenamiento del esfuerzo y de la garra que le tenemos que poner, y el evangelio nos habla de las actitudes que tienen que acompañar el camino, porque no caminamos solos y entonces nos dice el evangelio: “no se dejen aturdir por los excesos”, podríamos decir, no te dejes embotar la cabeza, no te llenes de mala onda, mala noticias, preocupaciones, problemas, no te dejes embotar la cabeza, no te dejes ahogar. Dice después no se dejen aturdir tampoco por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, por la embriaguez. La embriaguez tiene que ver con la borrachera y la borrachera tiene que ver con escapar de los problemas, no está bien y escapar de los problemas y tampoco está bien hundirse en los problemas.


Parecería que en este camino de la vida tenemos que encontrar un sano equilibrio entre lo positivo y las preocupaciones, entre aquello que me angustia y eso que me alegra, no negar los problemas pero tampoco dejar que los problemas me hundan.


Otra orientación que tenemos para el camino es oren, recen. Porque en la oración se alimenta la esperanza y lo propio del Adviento es la esperanza. Y después nos dice también el evangelio: “les está por llegar la liberación”. Qué bueno caminar también con esta orientación, saber que cada paso que vamos dando es la posibilidad de liberarnos. Liberarnos de tanta opresión y liberarnos de tanto que significó la pandemia, de angustia, de tristeza, de incertidumbre, de miedo, cuánto necesitamos liberarnos cada uno, cuánto necesitamos liberarnos como pueblo, cuanto necesitan de liberación nuestros países.


Creo que entonces estamos orientados por las lecturas de hoy a iniciar este camino del Adviento con una meta clara: llegaran los días en que se cumplirá la promesa de Dios, con una actitud para la línea de largada: tengan ánimo y levanten la cabeza, nada podemos iniciar sí ya nos damos por vencidos desde el comienzo, con un entrenamiento, un entrenamiento que nos decía Pablo: fortalezcan el corazón y hagan mayores progresos todavía, es decir que hay que ponerle ganas.


Y con algunas orientaciones para el camino: no dejarnos aturdir por los excesos, no dejar que nos emboten los problemas la cabeza, no dejarnos tampoco hundir en las preocupaciones pero tampoco con las borracheras escaparnos de los problemas; rezar, rezar porque es el modo de alimentar la esperanza y saber que cada paso que damos estamos más cerca de liberarnos de tantas cosas que no son, que nos oprimió especialmente durante la pandemia, de la cuarentena.


Adviento es esperanza. La esperanza es la relación amable que establecemos con el futuro, la esperanza no es un optimismo voluntarista quiero estar bien, quiero tener esperanza, en realidad, es creer que estamos en buenas manos, que estamos en las manos de Dios, la esperanza es abrir ventanas cuando hay problema si todo parece estar cerrado y oscuro.


La esperanza tiene que ver con animarnos unos a otros y levantar la cabeza, como decía la lectura de hoy, caminemos juntos, caminemos sinodalmente en este sínodo que nos convoca Francisco, pero caminemos también en este Adviento con estas pistas que nos dieron las lecturas.


Un poeta argentino nacido en 1963, Federico García Hamilton tiene una poesía que se llama “La cuesta de la vida” y creo que sirve para el camino del Sínodo y para este camino del Adviento que comenzamos hoy:


LA CUESTA DE LA VIDA

(Federico García Hamilton)


Si un día el camino, que venía liviano

Se te vuelve oscuro, y encima empinado

Buscá a tus amigos, tomales sus manos

Apoyate en ellos, para repecharlo.


No lo intentes solo, no podrás lograrlo

Y si lo lograras, será a un costo alto

Con los que te quieren, se hará más liviano

Y todo lo oscuro, un poco más claro.


Cuando el cuerpo afloje, te sientas cansado

Cuando la tristeza, a tu alma haya entrado

Buscá a tus amigos, buscá a tus hermanos

Contá con nosotros, que para eso estamos.


Lo oscuro permite, distinguir lo claro

Se conoce el dulce, probando lo amargo

Tras subir la cuesta, se disfruta el llano

Así es nuestra vida, te lo juro hermano.


En los tiempos duros, encontrarás manos

Abiertas, tendidas, de amigos, de hermanos

Ya para empujarte, ya para un abrazo

Y al fin de la cuesta, disfrutá del llano!


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LECTURA RECOMENDADA PARA LA SEMANA

Poesía: “La cuesta de la vida”. De Federico García Hamilton

 
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