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En cada misa Jesús vuelve a poner el cuerpo a la historia

2023-06-10 Homilía de Mons. Jorge García Cuerva, en la celebración interparroquial riogalleguense de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. Fotos, video de la Homilía, Misa y posterior Procesión con el Santísimo Sacramento desde la Parroquia Sagrado Corazón hasta la Parroquia Inmaculada Concepción. Las comunidades parroquiales acompañaron la fiesta eucarística pese a la inclemencia de las temperaturas, térmicas por debajo de los 0 grados.

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En la primera lectura, Moisés le recuerda al pueblo de Israel el largo camino que el Señor le hizo recorrer por el desierto durante cuarenta años; en ese largo camino el pueblo sintió hambre, y Dios le dio a comer el maná, ese alimento que ni el pueblo, ni sus padres conocían, alimento anticipo de la Eucaristía (Deut. 8, 2-3). Justamente San Juan Pablo II decía que el sentido profundo del maná dado por Dios en las estepas del Sinaí es un símbolo tradicional del itinerario de los fieles, que en el pan eucarístico encontrará la fuerza para caminar hacia la meta luminosa de la ciudad santa.[1]


Nosotros también hoy tenemos hambre, porque hemos comido el pan duro de la indiferencia y el egoísmo; el pan resquebrajado y agrietado de la división entre hermanos; el pan enmohecido de la descalificación y la desinformación; el pan amargo de la desesperanza y la tristeza; el pan del quietismo que nos deja la panza llena pero el corazón achanchado, con fiaca espiritual, sin ganas de ser la Iglesia en salida que primerea y se involucra. Y también, nos vamos acostumbrando como país, a comer migajas y sobras de sueños rotos.


Por eso hoy con fuerza queremos decirte: Tenemos hambre de Ti, Señor. Tenemos hambre del Pan de la Vida, aquel que sacia nuestro corazón, porque como decía San Agustín, nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.[2]


Tenemos hambre de Ti Señor, de aquel Pan que calma el hambre más profunda de fraternidad y de paz; tenemos hambre del Pan Vivo bajado del Cielo que nos consuela y fortalece en el camino de la vida; tenemos hambre del Pan eterno que nos cura y nos perdona.


Y seguimos diciendo a una sola voz, tenemos hambre de ti Señor, porque creemos que este Pan eres tú, el Hijo de Dios hecho hombre y nuestro hermano.


En cada misa le volvés a poner el cuerpo a la historia, como lo hiciste en la cruz; por eso en cada misa te volvés a entregar; es un sacrificio incruento, porque es el mismo sacrificio y entrega de la cruz, pero sin el dolor del Gólgota. Le pones el cuerpo a la vida de los hombres; no te borrás ni nos dejas solos. En definitiva, le pones el cuerpo a nuestra frágil humanidad porque nos amas hasta dar la vida.


Y hoy, junto con este clamor del pueblo, tenemos hambre de ti Señor, queremos comprometernos a ponerle el cuerpo a la vida, porque poner el cuerpo es comprometernos; poner el cuerpo es salir de la cómoda y del siempre se hizo así; poner el cuerpo es jugarnos por tu Evangelio; poner el cuerpo es ser solidarios y generosos con los más pobres, como somos convocados este fin de semana con la Colecta anual de Cáritas.


Poner el cuerpo es luchar por la dignidad de todos, es trabajar incansablemente por la fraternidad y la justicia, es poner lo mejor de cada uno de nosotros para sacar adelante nuestro país; pero siempre a tu modo, sin violencia, sin descalificaciones que lastiman; sin agresiones que nos hieren; siempre en paz, mirándonos a los ojos, encontrándonos como hermanos, ayudándonos para ponernos todos de pie y caminar sinodalmente, alimentados por tu Cuerpo y por tu Sangre, fortalecidos en cada Eucaristía.


Termino con palabras de Francisco que nos dice: En unos instantes, nos pondremos en movimiento, iremos hacia la mesa del altar a alimentarnos con el Pan de Vida, siguiendo el mandato del Señor: «El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (Jn 6,35). Es lo único que el Señor nos pide: venid. Nos invita a ponernos en marcha, en movimiento, en salida. Nos exhorta a caminar hacia Él para hacernos partícipes de su misma vida y de su misma misión. “Venid”, nos dice el Señor: un venir que no significa solamente trasladarse de un lugar a otro sino la capacidad de dejarnos mover, transformar por su Palabra en nuestras opciones, sentimientos, prioridades para aventurarnos a cumplir sus mismos gestos y hablar con su mismo lenguaje, «el lenguaje del pan que dice ternura, compañerismo, entrega generosa a los demás», amor concreto y palpable porque es cotidiano y real.[3]


Al finalizar la misa, caminaremos contigo Señor por las calles de la ciudad. Si vos le pones el cuerpo a nuestra fragilidad, si vos le pones el cuerpo a cada situación que vivimos, si vos te identificás con el cuerpo de cada hermano que sufre y que está al borde del camino; nosotros no podemos más que reafirmar que queremos ser la Iglesia en salida que nos propone el Santo Padre, más allá de las inclemencias del tiempo y la fiaca espiritual; queremos, con creatividad y audacia, anunciar que estás vivo y entre nosotros hasta el final de los tiempos.


[1] Cfr. San Juan Pablo II, Audiencia general, Ciudad del Vaticano, 25 de octubre 2000 [2] San Agustín, Confesiones I, 1 [3] Francisco, Homilía, Plaza Macedonia, Skopie, 7 de mayo 2019


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Homilía para descargar:




Video de la Homilía:



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