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Carta Pastoral
 "Comunidad que escucha, manos que sirven"
  Hacia una revitalización sinodal de nuestra Iglesia diocesana
  Orientaciones Pastorales para el Trienio 2026-2028

  Mons. Ignacio Medina

SUMARIO DE LA CARTA PASTORAL (ir)

Introducción: El eco de nuestra Asamblea en el caminar sinodal

I - Espiritualidad de comunión y sinodalidad: el corazón del caminar juntos

      A. La centralidad del misterio pascual y la unión con Cristo

      B. La conversión pastoral y la escucha como ministerio

II - Formación integral y permanente: corresponsabilidad para la misión

      A. Una pedagogía del discernimiento para todo el Pueblo de Dios

      B. Nuevas metodologías para nuevos tiempos

III - Protagonismo juvenil: el "ahora" de Dios en nuestra Iglesia

       A. Del cuidado de los jóvenes a su liderazgo activo

       B. Espacios de confianza y la creación de la Asamblea Juvenil Diocesana

IV - Una Iglesia en salida: misión, evangelización y lenguajes digitales

       A. El mandato kerigmático de la cercanía

       B. Una planificación orgánica y permanente

V - Caridad y atención a la vulnerabilidad: el rostro compasivo de Jesús

       A. La mística del buen Samaritano

       B. El acompañamiento en el dolor emocional y espiritual

VI - Comunicación y organización sinodal: transparencia y corresponsabilidad

       A. Hacia una cultura de la transparencia y la rendición de cuentas

       B. La reactivación de las estructuras sinodales

Conclusión: Una Iglesia despojada de la resignación

PRIORIDADES DIOCESANAS Y OBJETIVOS GENERALES (ir)

1. Protagonismo juvenil, acompañamiento y escucha activa

2. Formación integral, permanente y orgánica

3. Misión evangelizadora, primer anuncio e Iglesia en salida

4. Pastoral de escucha, contención y opción por los vulnerables

5. Renovación de la Catequesis familiar y kerigmática

6. Espiritualidad sinodal, liturgia y vida de comunión

7. Comunicación transversal, asertiva y misión digital

8. Corresponsabilidad, estructuras sinodales y gestión económicas.

Síntesis de gestión (Trienio 2026-2028)

--> Descargar:  PDF A4  - PDF A4 con citas - PDF Cuadernillo doble faz 

Prioridades diocesanas 2026-2028.jpg
Carta pastoral

Carta Pastoral

"Comunidad que escucha, manos que sirven"

 

Hacia una revitalización sinodal de nuestra Iglesia diocesana

Orientaciones Pastorales para el Trienio 2026-2028

12 de Junio de 2026

 

A los presbíteros y diáconos, a los consagrados y consagradas,

y a todos los fieles laicos de nuestra Iglesia Diocesana.

 

 

INTRODUCCIÓN

EL ECO DE NUESTRA ASAMBLEA EN EL CAMINAR SINODAL

 

 Queridos hermanos y hermanas:

 

1. «La Iglesia peregrina camina con Cristo, hacia el Reino de Dios, en la espera de su manifestación gloriosa» (cf. Lumen Gentium, 48). Al encontrarnos en el corazón de este año 2026, contemplamos con profunda gratitud el camino recorrido durante nuestra reciente Asamblea Diocesana. Bajo el lema inspirador de «Comunidad que escucha, manos que sirven», las voces de nuestras parroquias, capillas, centros pastorales, colegios, movimientos, decanatos y periferias geográficas y existenciales se han hecho oír. El trabajo abnegado de los grupos de discernimiento ha plasmado no solo un diagnóstico de nuestras realidades, sino un verdadero mapa de navegación espiritual y misionera para el próximo trienio.

 

2. Esta carta pastoral nace con el deseo de recoger el rocío del Espíritu Santo derramado en nuestra Asamblea y entrelazarlo de manera indisoluble con las conclusiones del Sínodo de la Sinodalidad. No caminamos aislados; somos parte del gran cauce del Pueblo de Dios que busca responder a los desafíos del Tercer Milenio. El Documento Final del Sínodo nos recuerda que la sinodalidad no es una opción, sino la forma de vida y de misión de la Iglesia, que manifiesta su naturaleza como Pueblo de Dios en camino y asamblea convocada por el Señor. (DF 15)

 

3. Al mirar nuestro horizonte diocesano, nos reconocemos llamados a una profunda renovación que nos libre de la autorreferencialidad y del cansancio pastoral. Nos inspira la convicción de que la conversión estructural de nuestra diócesis pasa por una conversión del corazón. Es hora de pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente evangélica y misionera, donde el discernimiento comunitario sea el método habitual de gobierno, vida y acción.

 

 

I - ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN Y SINODALIDAD

EL CORAZÓN DEL CAMINAR JUNTOS

 

A. La centralidad del Misterio Pascual y la Unión con Cristo

4. Nuestra prioridad fundamental e irrenunciable es construir y sostener la espiritualidad de comunión como un valor evangélico supremo. Toda reforma de estructuras es estéril si no está animada por el Espíritu del Resucitado. El mismo Jesús nos lo advirtió la noche antes de su Pasión: «Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21). La comunión eclesial no es el resultado de un consenso humano o de una estrategia de gestión organizativa; es participación en el misterio de la comunión trinitaria.

5. El Documento Final del Sínodo subraya que la espiritualidad sinodal hunde sus raíces en la vida litúrgica y sacramental, especialmente en la Eucaristía, fuente y cumbre de la vida de la Iglesia (DF 32). Por tanto, la reestructuración de nuestra pastoral diocesana no debe enfocarse primariamente en la burocracia, sino en la revitalización de nuestras asambleas litúrgicas, la oración contemplativa y la escucha de la Palabra de Dios. Una Iglesia que no reza unida no puede caminar unida.

 

B. La Conversión Pastoral y la Escucha como Ministerio

6. Para hacer vida este anhelo, nos proponemos iniciar un proceso de "continua conversión de todos los miembros del cuerpo de Cristo" (cf. 1Cor 12, 12-27). Esta conversión nos exige despojarnos del clericalismo, del individualismo y de la desconfianza mutua. Como fruto concreto de nuestra Asamblea y en consonancia con la llamada sinodal a generar estructuras de hospitalidad, implementaremos equipos de pastoral de escucha en cada decanato durante el próximo trienio.

7. No se trata simplemente de abrir oficinas de atención, sino de instituir espacios sagrados donde los hombres y mujeres de nuestro tiempo —especialmente aquellos que se sienten heridos o marginados por la sociedad o por la propia institución eclesial— puedan experimentar la cercanía de Dios. Como se expresa en el texto sinodal, el arte del discernimiento pastoral requiere una escucha profunda, capaz de captar no solo las palabras, sino los gemidos del Espíritu en el sufrimiento de los hombres (DF 47-48). La escucha es el primer acto de caridad que debemos ofrecer.

II. FORMACIÓN INTEGRAL Y PERMANENTE

CORRESPONSABILIDAD PARA LA MISIÓN

A. Una pedagogía del Discernimiento para todo el Pueblo de Dios

8. Las conclusiones de nuestra Asamblea Diocesana reflejan una petición clamorosa: la necesidad apremiante de itinerarios de formación integral para laicos, que abarquen de manera equilibrada las dimensiones bíblica, doctrinal, litúrgica y misionera. Si queremos laicos corresponsables, que asuman su vocación bautismal con madurez, debemos ofrecerles las herramientas necesarias para dar razón de su esperanza (cf. 1Pe 3, 15).

 

9. El Sínodo de la Sinodalidad insiste en que la formación no debe ser entendida como un mero adoctrinamiento intelectual, sino como un proceso integral, la formación en clave sinodal está orientada a capacitar a todos los bautizados para el discernimiento comunitario, el ejercicio de la corresponsabilidad y el anuncio alegre del Evangelio.  (DF 67). Nuestra Diócesis se compromete a diseñar un plan formativo sistemático que no se limite a cursos aislados, sino que configure la identidad y la pertenencia de los agentes pastorales a su comunidad. (DF 143)

B. Nuevas Metodologías para Nuevos Tiempos

 

10. Atendiendo a la realidad de nuestros tiempos y a las distancias geográficas que muchas veces dificultan el encuentro, articularemos propuestas formativas combinando la modalidad presencial y virtual. Esto garantizará que los fieles de las comunidades más alejadas o aquellos que, por razones laborales y familiares, disponen de menos tiempo, tengan acceso a una formación teológica y pastoral.

 

11. Asimismo, impulsaremos la capacitación específica de los servidores según sus ministerios particulares. Quienes sirven en Cáritas, en la catequesis, en la animación litúrgica o en la administración de los bienes parroquiales deben recibir una preparación adecuada que integre la competencia técnica con una profunda mística del servicio, recordando que «hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo; hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo» (1Cor 12,4-5).

 

III. PROTAGONISMO JUVENIL

EL "AHORA" DE DIOS EN NUESTRA IGLESIA

 

A. Del Cuidado de los Jóvenes a su Liderazgo Activo

12. La juventud no es una etapa de transición ni un sector al que debamos "entretener" mientras llega la adultez. Como nos recordaba el Papa Francisco y nos ratifica el magisterio de la Iglesia, los jóvenes son el ahora de Dios. San Pablo escribía a su joven discípulo Timoteo: «No permitas que nadie menosprecie tu juventud; antes bien, sé para los creyentes modelo en la palabra, en la conducta, en el amor, en la fe y en la pureza» (1Tim 4, 12). Nuestra Asamblea Diocesana ha hecho eco de este mandato al situar el protagonismo juvenil como un eje prioritario de nuestra acción pastoral.

13. El Documento Final del Sínodo es tajante en su apreciación sobre las nuevas generaciones, los jóvenes traen consigo una sensibilidad única para la transparencia, la justicia, el cuidado de la casa común y el uso de los lenguajes digitales. Una Iglesia sinodal no puede prescindir de su voz, de su creatividad y de su capacidad de movilización. (DF 62-64). No queremos una pastoral para los jóvenes, sino una pastoral con y desde los jóvenes.

B. Espacios de Confianza y la Creación de la Asamblea Juvenil Diocesana

 

14. Para que este protagonismo sea real y no puramente discursivo, nos comprometemos a generar espacios de confianza, encuentro y recreación (tales como campamentos, jornadas, misiones y mateadas formativas) que respondan a sus verdaderas inquietudes existenciales. Es urgente que los jóvenes encuentren en la Iglesia un hogar donde sus dudas sean acogidas sin juicios inmediatos y donde se valore su sensibilidad estética y musical.

15. Como disposición particular para este trienio, anuncio la institucionalización de la Asamblea Juvenil Diocesana. Este órgano consultivo y propositivo se reunirá periódicamente para discernir los lineamientos de juventud de la diócesis y asegurar que las decisiones estructurales cuenten con la mirada fresca y profética de los jóvenes. Debemos aprender a delegar responsabilidades reales en ellos, confiando en que el mismo Espíritu que guio a David frente a Goliat o a María en Nazaret sigue habitando en el corazón de nuestros jóvenes.

 

IV. UNA IGLESIA EN SALIDA

MISIÓN, EVANGELIZACIÓN Y LENGUAJES DIGITALES

 

A. El Mandato Kerigmático de la Cercanía

16. La Iglesia existe para evangelizar. Si nos cerramos en nuestros templos y sacristías, nos enfermamos de nostalgia y autorreferencialidad. Jesús resucitado nos envía con fuerza: «Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15). La Asamblea Diocesana nos ha urgido a recuperar el ardor del primer anuncio (kerigma), llevando la persona de Jesucristo al centro de toda nuestra catequesis y predicación.

 

17. El Sínodo de la Sinodalidad nos ha ensanchado la tienda al hablar del "continente digital". El Documento Final afirma que la cultura digital ya no es un medio, sino un entorno vital donde los jóvenes y muchos adultos forjan su identidad. La Iglesia sinodal debe estar presente allí, no para colonizar con propaganda, sino para entablar un diálogo auténtico y ofrecer el testimonio de la fraternidad (DF 113-114). Por ello, bendecimos y promovemos la labor de nuestros evangelizadores digitales, instándolos a mantener siempre la comunión con sus párrocos y con el obispo, para que su red sea la red de la Iglesia.

B. Una Planificación Orgánica y Permanente

18. La misión no puede reducirse a un acontecimiento extraordinario o a una campaña de verano. Debe convertirse en el pulso normal de nuestra vida diocesana. Durante este trienio, estableceremos una planificación misionera diocesana que coordine las fuerzas de las distintas parroquias y movimientos. Saldremos de manera sistemática a las periferias geográficas de nuestros pueblos y ciudades. Queremos ser una Iglesia que prime el dinamismo de la siembra sobre la comodidad de la cosecha inmediata.

 

 

 V. CARIDAD Y ATENCIÓN A LA VULNERABILIDAD

EL ROSTRO COMPASIVO DE JESÚS

 

A. La Mística del Buen Samaritano

19. Una fe que no se hace caridad, es una fe muerta (cf. Sant. 2, 17). El juicio final versará sobre el amor concreto que hayamos tenido con los más desfavorecidos de la historia: «En verdad les digo que cuanto hicieron con uno de estos hermanos míos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25, 40). Nuestra Asamblea diocesana ha expresado con nitidez que el servicio caritativo no puede ser una actividad periférica o un mero apéndice asistencialista; es la verificación de la autenticidad de nuestra liturgia y de nuestra predicación.

 

20. El Sínodo de la Sinodalidad nos ha recordado que los pobres son los primeros maestros de la sinodalidad; ellos conocen por experiencia el valor de la interdependencia y del apoyo mutuo (DF 19). Por tanto, nuestra opción preferencial por los pobres debe traducirse en acciones que no solo palien la necesidad material a través del encomiable trabajo de Cáritas, sino que promuevan la dignidad de la persona humana en todas sus etapas y circunstancias.

B. El Acompañamiento en el Dolor Emocional y Espiritual

21. Hoy en día, la pobreza no es solo económica. Nuestra Asamblea ha detectado con agudeza nuevas formas de orfandad y sufrimiento social: familias en situación de duelo, enfermos crónicos, adultos mayores sumidos en la soledad, personas atrapadas en el flagelo de las adicciones y hermanos privados de la libertad. Hacia ellos debe volcarse el bálsamo de la consolación eclesial.

 

22. Los equipos de pastoral de escucha y caridad trabajarán de manera coordinada para ofrecer un acompañamiento integral. No iremos a ellos con respuestas hechas o discursos moralistas; iremos a compartir sus dolores, a defender sus derechos y a ofrecer la certeza de que Dios no los ha abandonado. El Documento Final del Sínodo subraya que cuando la Iglesia se acerca al sufrimiento humano, realiza su vocación de ser sacramento de la compasión de Dios en el mundo (DF 56). Queremos que nuestra diócesis sea reconocida, ante todo, por ser un hospital de campaña donde todos encuentran acogida.

 

VI. COMUNICACIÓN Y ORGANIZACIÓN SINODAL

TRANSPARENCIA Y CORRESPONSABILIDAD

 

A. Hacia una Cultura de la Transparencia y la Rendición de Cuentas

23. El Señor nos llamó a ser luz del mundo y nos exhortó: «Así brille su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16). En un cambio de época marcado por la crisis de credibilidad de las instituciones, la Iglesia Diocesana debe brillar por su transparencia y su comunicación fluida y eficaz, tanto hacia el interior de sus comunidades como hacia la sociedad civil.

24. El Documento Final del Sínodo aborda este tema con valentía y claridad institucional, una Iglesia sinodal requiere una cultura de la transparencia y de la rendición de cuentas, que no solo es necesaria en el ámbito económico, sino también en el pastoral, en la evaluación de los ministerios y en la prevención de todo tipo de abusos (DF 99-108). Durante este trienio, nos comprometemos a revisar y transparentar los procesos de toma de decisiones en nuestra diócesis, asegurando que los bienes de la Iglesia se administren con criterios evangélicos de austeridad, equidad y solidaridad.

B. La Reactivación de las Estructuras Sinodales

25. Para que la sinodalidad no quede en un mero deseo abstracto, es obligatorio formalizar, reactivar y fortalecer los Consejos Pastorales y de Asuntos Económicos en todas las parroquias y capillas de la diócesis. Estas estructuras no son potestativas ni adornos formales; son el lugar donde se ejerce el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad laical. Una parroquia que no posee Consejo Pastoral debilita la eclesialidad y empobrece la acción del Espíritu.

26. Asimismo, daremos un fuerte impulso al Consejo Pastoral Diocesano, buscando que estén representadas todas las realidades de nuestra Iglesia local. Este consejo será el principal órgano consultivo del obispo para evaluar la marcha de las prioridades fijadas en esta carta. Como nos recuerda el texto del Sínodo, los organismos de participación previstos por el derecho canónico no deben ser solo formales, sino espacios donde se practique habitualmente el método de la conversación en el Espíritu (DF 103-105).

 

 

CONCLUSIÓN

UNA IGLESIA DESPOJADA DE LA RESIGNACIÓN

 

27. Al concluir estas orientaciones pastorales, deseo hacer un llamado a la esperanza. Sé bien que los desafíos que enfrentamos en nuestro territorio son complejos, que las fuerzas parecen a veces escasas y que la tentación del desánimo o del «siempre se ha hecho así» acecha a las puertas de nuestro espíritu. Sin embargo, el Señor nos repite hoy las mismas palabras que dirigió a los apóstoles en medio de la tormenta: «¡Ánimo!, soy yo; no teman» (Mt 14, 27).

28. Acogiendo el magisterio del Santo Padre, el Papa Francisco, quien nos urgía a ser una Iglesia audaz, libre de autorreferencialidad y profundamente solidaria con los dolores del mundo actual (EG. 8. 94. 95), los invito a ponernos en marcha sin demora. Esta Carta Pastoral no es un documento para ser archivado, sino un programa para ser orado, debatido y encarnado en cada rincón de nuestra geografía diocesana. Nos despojamos de la resignación y nos revestimos de la alegría del Evangelio.

29. Encomendamos el trabajo de este trienio a la protección maternal de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia y Estrella de la Evangelización. Ella, que supo escuchar la Palabra con fe y ponerse prontamente en camino hacia las montañas para servir a su prima Isabel (cf. Lc 1, 39), nos enseñe a ser verdaderamente una comunidad que escucha y nos conceda unas manos que sirven con generosidad a su Hijo en los hermanos más vulnerables.

 

Dado en la Sede Episcopal, a los 12 días del mes de Junio del año del Señor 2026.

Con mi afectuosa bendición paternal,

Mons. Ignacio Medina

Obispo Diócesis de Río Gallegos

 

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PRIORIDADES DIOCESANAS Y OBJETIVOS GENERALES

A partir de las conclusiones y el documento de síntesis de la Asamblea Diocesana, se presenta a continuación la redacción de las Prioridades Diocesanas y sus respectivos Objetivos Generales.

Esta propuesta organiza el rico trabajo de los 20 grupos en ejes estratégicos transversales, estructurados bajo el espíritu de una Iglesia sinodal, en salida y corresponsable.

Agradecemos al Equipo Diocesano que diseñó, acompañó y dio contenido al proceso de discernimiento parroquial, decanal y diocesano.

 

 1. Protagonismo Juvenil, Acompañamiento y Escucha Activa

  • Fundamento: Los jóvenes y adolescentes son ratificados como el presente y el futuro de la Iglesia. Se exige un cambio de paradigma para derribar prejuicios, adoptar nuevos lenguajes, abrazar sus realidades complejas y darles un espacio institucional real con responsabilidades ministeriales concretas.

  • Objetivo General:  Impulsar una Iglesia en salida que coloque a los jóvenes y adolescentes en el centro de su acción pastoral, generando espacios de escucha activa, confianza, espiritualidad y recreación (arte, deporte y cultura) para acompañar sus procesos vocacionales y promover su protagonismo corresponsable en la vida diocesana.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Reestructurar e institucionalizar de manera urgente la Pastoral Juvenil Diocesana.

    • Implementar instancias de participación masiva como la Asamblea Juvenil Diocesana y encuentros juveniles periódicos.

    • Garantizar un mínimo medible de ocho encuentros anuales (convivencias, misiones, festivales, deportes) a partir de septiembre.

 

2. Formación Integral, Permanente y Orgánica

  • Fundamento: Se requiere superar la falta de compromiso a través de una capacitación sistemática y modular que integre las dimensiones humana, bíblica, litúrgica, teológica y pastoral. Debe adaptarse de manera flexible a la realidad de cada comunidad mediante entornos tanto presenciales como virtuales.

  • Objetivo General: Diseñar e implementar un plan diocesano de formación integral continua para laicos, servidores y animadores pastorales, estructurado en módulos evaluables que fortalezcan la identidad cristiana, la pertenencia eclesial y aporten herramientas pedagógicas para el servicio evangelizador.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Evaluar anualmente los itinerarios formativos para relevar las riquezas y debilidades de los agentes de pastoral.

    • Creación de un Seminario Diocesano para agentes pastorales.

    • Articular con otras diócesis o universidades plataformas de formación virtual (sincrónica y asincrónica) en caso de limitaciones de recursos locales.

 

3. Misión Evangelizadora, Primer Anuncio e Iglesia en Salida

  • Fundamento: La Diócesis se asume como un "territorio de primer anuncio". La evangelización no puede reducirse a eventos aislados anuales; debe convertirse en un estado de misión permanente y planificada que habite las calles, los barrios y los pueblos.

  • Objetivo General: Consolidar una Iglesia sinodal en estado de misión permanente que priorice el primer anuncio del Evangelio, mediante una planificación orgánica que promueva las visitas periódicas a las familias, el trabajo barrial y la presencia activa en las calles y comunidades.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Crear y sostener un equipo misionero activo y permanente en cada una de las parroquias.

    • Establecer un calendario de salidas misioneras comunitarias planificadas cada 4 o 5 meses, bajo un esquema de evaluaciones sistemáticas para capitalizar logros y corregir errores.

 

4. Pastoral de Escucha, Contención y Opción por los Vulnerables

  • Fundamento: En fidelidad al lema de la Asamblea ("manos que sirven"), los sectores sufrientes y debilitados son definidos como los "preferidos de Jesús". Se detecta la urgencia de estructurar redes de contención que superen el asistencialismo puramente material y aborden las heridas emocionales y espirituales.

  • Objetivo General: Estructurar y poner en funcionamiento la Pastoral de Escucha a nivel diocesano y parroquial para brindar acompañamiento, contención y asistencia integral —humana, material, emocional y espiritual— a las personas y familias en situaciones de vulnerabilidad, soledad, enfermedad o duelo.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Conformar y capacitar equipos específicos de pastoral de escucha en las comunidades durante el trienio.

    • Establecer una meta medible y sostenible de visitas (al menos dos veces al mes a familias, enfermos o adultos mayores), buscando atender de forma directa a un mínimo de 30 personas o familias al año por comunidad.

    • Articular redes de apoyo solidario transversales que funcionen en estrecha colaboración y soporte mutuo con Cáritas.

 

5. Renovación de la Catequesis Familiar y Kerigmática

  • Fundamento: Se hace indispensable actualizar los espacios de catequesis uniendo de forma explícita la fe y la vida para dar respuestas a los nuevos paradigmas del cambio de época. Se busca que deje de ser un trámite burocrático para convertirse en un espacio de encuentro vivo con Cristo que involucre e integre a todo el núcleo familiar.

  • Objetivo General: Actualizar la propuesta de la catequesis diocesana desde un enfoque netamente kerigmático, participativo y familiar, unificando criterios de cursada y formación para que los hogares descubran de manera cercana y comunitaria la presencia de Jesús en sus vidas. 

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Reactivar con urgencia el Equipo Diocesano de Catequesis para guiar los lineamientos comunes y la formación de nuevos catequistas.

    • Fijar como meta el acompañamiento anual de procesos formativos que involucren de manera directa a las familias y párrocos en el período regularizado de mayo a noviembre.

 

6. Espiritualidad Sinodal, Liturgia y Vida de Comunión

  • Fundamento: La intimidad y el encuentro con Jesús ("Iglesia hacia adentro") son la raíz que nutre el servicio exterior. Para caminar juntos, se debe robustecer la vida fraterna comunitaria e incorporar de manera habitual la espiritualidad y el discernimiento sinodal en todas las instancias.

  • Objetivo General: Reconstruir y profundizar la espiritualidad de comunión cristocéntrica y sinodal mediante la revitalización de la vida litúrgica, los momentos de oración prolongada, la adoración comunitaria y los retiros espirituales, fomentando una conversión continua y una fraternidad sincera.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Asegurar la inclusión de momentos de encuentro fraterno, orante y celebrativo planificados explícitamente en las agendas anuales de las comunidades de base, más allá de la Eucaristía dominical ordinaria.

    • Integrar las expresiones de oración en la vida pública (como los rosarios callejeros y las bendiciones de barrios) para dar testimonio de fe viva en la sociedad.

 

7. Comunicación Transversal, Asertiva y Misión Digital

  • Fundamento: La comunicación es entendida como un espacio estratégico clave: funciona como comunión hacia adentro de la Iglesia y como herramienta de evangelización hacia afuera. Implica el desafío apremiante de aprender a "habitar" profesionalmente el ecosistema digital y las redes sociales.

  • Objetivo General: Desarrollar e implementar un sistema de comunicación transversal, asertivo y evangélico que optimice la transmisión de información interna y externa, transformando las redes digitales y los medios disponibles en verdaderos canales de comunión y de primer anuncio.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Crear formalmente la Secretaría de Comunicación Diocesana con personal idóneo preparado para unificar los flujos de información.

    • Designar y capacitar referentes de comunicación en cada una de las parroquias y decanatos.

    • Implementar plataformas y carteleras digitales actualizadas en tiempo real que detallen la totalidad de los servicios de la diócesis (horarios de misa, secretarías, lineamientos institucionales, inscripciones).

 

 8. Corresponsabilidad, Estructuras Sinodales y Gestión Económica

  • Fundamento: La conversión sinodal exige despojarse de la toma de decisiones verticalistas e incorporar activamente la voz de los laicos bajo el principio eclesial de subsidiariedad. Esto se traduce en la obligación de contar con organismos institucionales organizados, claros y transparentes.

  • Objetivo General:  Promover y formalizar el funcionamiento de estructuras sinodales de consulta y gestión en todos los niveles eclesiales, impulsando la corresponsabilidad laical en la toma de decisiones y garantizando una administración transparente y corresponsable de los recursos materiales.

  • Líneas Operativas Destacadas:

    • Formalizar, activar y difundir los Consejos Pastorales y los Consejos Económicos en las parroquias de la diócesis.

    • Generar conciencia en el Pueblo de Dios sobre el sostenimiento de culto.

    • Motivar y concientizar a todas las comunidades sobre la importancia estratégica de conformar y consolidar el Consejo Pastoral Diocesano como el máximo espacio sinodal de planificación y coordinación con la Región Patagonia-Comahue.

 

Síntesis de Gestión (Trienio 2026-2028)

Como criterio metodológico transversal fijado en este plenario final, las acciones delineadas para este trienio no se consideran cerradas; se estipula que cada una de las prioridades sea sujeta a "cortes evaluativos anuales" en un clima de diálogo y discernimiento comunitario. Esto permitirá a la Diócesis ajustar las metas a las realidades emergentes de los territorios, sosteniendo en el tiempo una verdadera identidad de “Comunidad que escucha, manos que sirven”.

 

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Citas del Magisterio de Iglesia

(DF) Documento Final de la XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. 24 de noviembre, 2024. (Descargar)

15. Del Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo brota la identidad del Pueblo de Dios. Se realiza como llamada a la santidad y envío en misión para invitar a todos los pueblos a acoger el don de la salvación (cf. Mt 28,18-19). Es, pues, del Bautismo, en el que Cristo nos reviste de Sí mismo (cf. Ga 3,27) y nos hace renacer por el Espíritu (cf. Jn 3,5-6) como hijos de Dios, de donde nace la Iglesia sinodal misionera. Toda la vida cristiana tiene su fuente y su horizonte en el misterio de la Trinidad, que suscita en nosotros el dinamismo de la fe, de la esperanza y de la caridad.

 

19. “El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres” (EG 197), los marginados y excluidos, y por tanto también en el de la Iglesia. En ellos la comunidad cristiana encuentra el rostro y la carne de Cristo, que, de rico que era, se hizo pobre por nosotros, para que nosotros nos enriqueciéramos con su pobreza (cf. 2 Co 8,9). La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica. Los pobres tienen un conocimiento directo de Cristo sufriente (cf. EG 198) que los convierte en heraldos de una salvación recibida como don y en testigos de la alegría del Evangelio. La Iglesia está llamada a ser pobre con los pobres, que a menudo son la mayoría de los fieles, y a escucharlos y considerarlos sujetos de evangelización, aprendiendo juntos a reconocer los carismas que reciben del Espíritu.

 

32. La sinodalidad no es un fin en sí misma, sino que apunta a la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia en el Espíritu. Evangelizar es “la misión esencial de la Iglesia [...] es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad profunda” (EN 14). Estando cerca de todos, sin diferencia de personas, predicando y enseñando, bautizando, celebrando la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación, todas las Iglesias locales y la Iglesia entera responden concretamente al mandato del Señor de anunciar el Evangelio a todas las naciones (cf. Mt 28,19-20; Mc 16,15-16). Valorando todos los carismas y ministerios, la sinodalidad permite al Pueblo de Dios anunciar y testimoniar auténtica y eficazmente el Evangelio a las mujeres y a los hombres de todo lugar y tiempo, haciéndose “sacramento visible” (LG 9) de la fraternidad y unidad en Cristo querida por Dios. Sinodalidad y misión están íntimamente ligadas: la misión ilumina la sinodalidad y la sinodalidad impulsa a la misión.

 

47. | La sinodalidad como profecía social | Practicado con humildad, el estilo sinodal puede hacer de la Iglesia una voz profética en el mundo de hoy. “La Iglesia sinodal es como un estandarte alzado entre las naciones (cf. Is 11,12)” (Francisco, Discurso para la conmemoración del 50 aniversario de la constitución del Sínodo de los Obispos, 17 de octubre de 2015). Vivimos en una época marcada por el aumento de las desigualdades, la creciente desilusión con los modelos tradicionales de gobierno, el desencanto con el funcionamiento de la democracia, las crecientes tendencias autocráticas y dictatoriales, el dominio del modelo de mercado sin tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas y la creación, y la tentación de resolver los conflictos por la fuerza en lugar del diálogo. Las prácticas auténticas de sinodalidad permiten a los cristianos desarrollar una cultura capaz de profetizar críticamente frente al pensamiento dominante y ofrecer así una contribución distintiva a la búsqueda de respuestas a muchos de los retos a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas y a la construcción del bien común.

 

48. El modo sinodal de vivir las relaciones es una forma de testimonio con relación a la sociedad. Además, responde a la necesidad humana de ser acogido y sentirse reconocido dentro de una comunidad concreta. Es un desafío al creciente aislamiento de las personas y al individualismo cultural, que incluso la Iglesia ha absorbido con frecuencia, y nos llama al cuidado recíproco, a la interdependencia y a la corresponsabilidad por el bien común. Asimismo, desafía un exagerado comunitarismo social que asfixia a las personas y no les permite ser sujetos de su propio desarrollo. La disponibilidad de escuchar a todos, especialmente a los pobres, contrasta con un mundo en el que la concentración de poder deja fuera a los pobres, a los marginados, a las minorías y a la tierra, nuestra casa común. Tanto la sinodalidad como la ecología integral asumen la perspectiva de las relaciones e insisten en la necesidad de cuidar los vínculos: por eso se corresponden y se integran en el modo de vivir la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

56. La escucha de los que sufren la exclusión y la marginación refuerza la conciencia de la Iglesia de que es parte de su misión hacerse cargo del peso de estas relaciones heridas para que el Señor, el “Viviente”, pueda sanarlas. Sólo así puede ser “en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1). Al mismo tiempo, la apertura al mundo nos permite descubrir que en cada rincón del planeta, en cada cultura y en cada grupo humano, el Espíritu ha sembrado las semillas del Evangelio. Éstas fructifican en la capacidad de vivir relaciones sanas, de cultivar la confianza mutua y el perdón, de superar el miedo a la diversidad y dar vida a comunidades acogedoras, de promover una economía que cuide de las personas y del planeta, de reconciliarse después de un conflicto. La historia nos deja un legado de conflictos motivados también en nombre de la afiliación religiosa, que socavan la credibilidad de las propias religiones. Una fuente de sufrimiento es el escándalo de la división entre comuniones cristianas, la enemistad entre hermanos y hermanas que han recibido el mismo Bautismo. La renovada experiencia de impulso ecuménico que acompaña el camino sinodal, uno de los signos de la conversión relacional, abre la esperanza.

 

62. Los jóvenes tienen también una contribución que aportar a la renovación sinodal de la Iglesia. Son particularmente sensibles a los valores de fraternidad y de compartir, al tiempo que rechazan las actitudes paternalistas o autoritarias. A veces su actitud hacia la Iglesia aparece como una crítica, pero a menudo adopta la forma positiva de un compromiso personal en favor de una comunidad acogedora, comprometida en la lucha contra la injusticia social y en el cuidado de la casa común. La petición de “caminar juntos en la vida cotidiana”, planteada por los jóvenes en el Sínodo a ellos dedicado en 2018, corresponde exactamente al horizonte de una Iglesia sinodal. Por eso, es esencial ofrecerles un acompañamiento atento y paciente; en particular, merece ser asumida la propuesta, surgida gracias a su contribución, de “una experiencia de acompañamiento con vistas al discernimiento”, que incluye la vida fraterna compartida con educadores adultos, un compromiso apostólico para vivir juntos al servicio de los más necesitados; la oferta de una espiritualidad enraizada en la oración y la vida sacramental (cf. Documento final de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, 161).

 

63. Al promover la corresponsabilidad en la misión de todos los bautizados, reconocemos las capacidades apostólicas de las personas con discapacidades que se sienten llamadas y enviadas como sujetos activos de evangelización. Queremos valorar la aportación que proviene de la inmensa riqueza de humanidad que traen consigo. Reconocemos sus experiencias de sufrimiento, marginación, discriminación, a veces sufridas incluso dentro de la propia comunidad cristiana, debido a actitudes paternalistas de lástima. Para favorecer su participación en la vida y misión de la Iglesia, se propone la creación de un Observatorio Eclesial de la Discapacidad.

 

64. Entre las vocaciones con las que la Iglesia se enriquece, destaca la de los esposos. El Concilio Vaticano II enseñó que “tienen en su modo y estado su carisma propio dentro del Pueblo de Dios” (LG 11). El sacramento del matrimonio confiere una misión particular que concierne al mismo tiempo a la vida de la familia, a la edificación de la Iglesia y al compromiso en la sociedad. En particular, en los últimos años ha crecido la conciencia de que las familias son sujetos y no sólo destinatarios de la pastoral familiar. Por eso necesitan encontrarse y trabajar en red, también con la ayuda de las instituciones eclesiales dedicadas a la educación de niños y jóvenes. Una vez más, la Asamblea expresa su propia cercanía y apoyo a todos aquellos que viven una condición de soledad como elección de fidelidad a la tradición y al magisterio de la Iglesia in materia matrimonial y de ética sexual, en la que reconocen una fuente de vida.

 

67. Entre los muchos servicios eclesiales, la Asamblea reconoció la contribución a la comprensión de la fe y al discernimiento que ofrece la teología en la variedad de sus expresiones. Los teólogos y teólogas ayudan al Pueblo de Dios a desarrollar una comprensión de la realidad iluminada por la Revelación y a elaborar respuestas adecuadas y un lenguaje apropiado para la misión. En la Iglesia sinodal y misionera “el carisma de la teología está llamado a desempeñar un servicio específico [...]. Junto con la experiencia de fe y la contemplación de la verdad del Pueblo fiel y con la predicación de los pastores, la teología contribuye a la penetración cada vez más profunda del Evangelio. Además, ‘como en el caso de todas las vocaciones cristianas, el ministerio de los teólogos, al tiempo que personal, es también comunitario y colegial’” (CTI, n. 75), sobre todo cuando se ejerce en forma de enseñanza a la que se confía una misión canónica en instituciones académicas eclesiásticas. “La sinodalidad eclesial compromete también a los teólogos a hacer teología en forma sinodal, promoviendo entre ellos la capacidad de escuchar, dialogar, discernir e integrar la multiplicidad y la variedad de las instancias y de los aportes” (ibid.). En esta línea, es urgente fomentar, a través de formas institucionales adecuadas, el diálogo entre los pastores y los que se dedican a la investigación teológica. La Asamblea invita a las instituciones teológicas a continuar la investigación dirigida a clarificar y profundizar el significado de la sinodalidad y la formación que la acompaña en las Iglesias locales.

 

99. Si la Iglesia sinodal quiere ser acogedora, la rendición de cuentas debe convertirse en una práctica habitual a todos los niveles. Sin embargo, quienes ocupan puestos de autoridad tienen una mayor responsabilidad a este respecto y están llamados a rendir cuentas a Dios y a su Pueblo. Si bien la práctica de rendir cuentas a los superiores se ha conservado a lo largo de los siglos, es preciso recuperar la dimensión de la rendición de cuentas que la autoridad está llamada a dar a la comunidad. Las instituciones y procedimientos consolidados en la experiencia de la vida consagrada (como los capítulos, las visitas canónicas, etc.), pueden ser fuente de inspiración en este sentido.

 

100. Igualmente necesarias son las estructuras y formas de evaluación periódica del modo en que se ejercen las responsabilidades ministeriales de todo tipo. La evaluación no constituye un juicio sobre las personas, sino que permite poner de relieve los aspectos positivos y las áreas de posible mejora en la actuación de quienes tienen responsabilidades ministeriales, y ayuda a la Iglesia a aprender de la experiencia, a recalibrar los planes de acción y a permanecer atenta a la voz del Espíritu Santo, centrando la atención en los resultados de las decisiones en relación con la misión.

 

101. Además de observar lo ya previsto por las normas canónicas sobre los criterios y mecanismos de control, corresponde a las Iglesias locales, y sobre todo a sus agrupaciones, construir sinodalmente formas y procedimientos eficaces de rendición de cuentas y de evaluación, adecuados a la variedad de contextos, a partir del marco normativo civil, de las legítimas expectativas de la sociedad y de la disponibilidad efectiva de competencias en la materia. En este trabajo, es necesario privilegiar las metodologías de evaluación participativa, potenciar las competencias de quienes, especialmente los laicos, están más familiarizados con los procesos de rendición de cuentas y evaluación, y discernir las buenas prácticas ya presentes en la sociedad civil local, adaptándolas a los contextos eclesiales. El modo en que se aplican los procesos de rendición de cuentas y evaluación a nivel local forman parte del informe presentado durante las visitas ad limina.

 

102. En particular, en formas adecuadas a los distintos contextos, parece necesario garantizar como mínimo:

  1. un funcionamiento eficaz de los consejos de asuntos económicos;

  2. la implicación efectiva del Pueblo de Dios, especialmente de los miembros más competentes, en la planificación pastoral y económica;

  3. la preparación y publicación (adecuada al contexto local y con accesibilidad efectiva) de un informe de rendición de cuentas económico anual, certificado en la medida de lo posible por auditores externos, que haga transparente la gestión de los bienes y de los recursos financieros de la Iglesia y de sus instituciones;

  4. la elaboración y publicación de un informe de rendición de cuentas anual sobre el desempeño de la misión, que incluya una ilustración de las iniciativas emprendidas en el ámbito de la salvaguardia (safeguarding: protección y cuidado de menores y personas vulnerables) y la promoción del acceso de los laicos a puestos de autoridad y su participación en los procesos decisionales, especificando la proporción en relación con el género;

  5. procedimientos para la evaluación periódica del desempeño de todos los ministerios y tareas dentro de la Iglesia.

Tenemos que darnos cuenta de que no se trata de un empeño burocrático en sí mismo, sino de un esfuerzo comunicativo que se revela como una poderosa herramienta educativa para cambiar la cultura, además de permitirnos dar mayor visibilidad a muchas iniciativas valiosas de la Iglesia y sus instituciones, que con demasiada frecuencia permanecen ocultas.

103. La participación de los bautizados en los procesos decisionales, así como las prácticas de rendición de cuentas y de evaluación, se desarrollan a través de mediaciones institucionales, en primer lugar, los órganos de participación que, a nivel de la Iglesia local, ya prevé el derecho canónico. En la Iglesia latina son: sínodo diocesano (cf. CIC, can. 466), consejo presbiteral (cf. CIC, can. 500, § 2), consejo pastoral diocesano (cf. CIC, can. 514, § 1), consejo pastoral parroquial (cf. CIC, can. 536), consejo diocesano y parroquial para los asuntos económicos (cf. CIC, cc. 493 y 537). En las Iglesias católicas orientales son: asamblea eparquial (cf. CCEO, cc. 235 ss.), consejo eparquial para asuntos económicos (cf. CCEO, cc. 262 ss.), consejo presbiteral (cf. CCEO can. 264), consejo pastoral eparquial (cf. CCEO cc. 272 ss.), consejos parroquiales (cf. CCEO can. 295). Los miembros lo son en función de su rol eclesial, según sus responsabilidades diferenciadas en las distintas capacidades (carismas, ministerios, experiencia o competencia, etc.). Cada uno de estos organismos participa en el discernimiento necesario para el anuncio inculturado del Evangelio, la misión de la comunidad en su propio ambiente y el testimonio de los bautizados que la componen. También les competen los procesos decisionales en las formas establecidas y constituyen un ámbito para la rendición de cuentas y la evaluación, ya que a su vez deben evaluar y rendir cuentas de su labor. Los organismos de participación constituyen uno de los ámbitos de actuación más prometedores para una rápida aplicación de las orientaciones sinodales que conduzca a cambios perceptibles a corto plazo.

 

104. Una Iglesia sinodal se basa en la existencia, eficiencia y vitalidad efectiva, y no meramente nominal, de estos órganos de participación, así como en su funcionamiento conforme a las disposiciones canónicas o a la costumbre legítima, y en el cumplimiento de los estatutos y reglamentos que los rigen. Por esta razón, deberían ser obligatorios, como se requiere en todas las etapas del proceso sinodal, y poder desempeñar plenamente su papel, no de manera puramente formal, sino de forma adecuada a los diferentes contextos locales.

 

105. En esta misma línea, resulta oportuno intervenir en el funcionamiento de estos organismos, empezando por la adopción de una metodología de trabajo sinodal. La conversación en el Espíritu, con las adaptaciones oportunas, puede ser un punto de referencia. Debe prestarse especial atención al modo de designación de los miembros. Cuando no esté prevista la elección, deberá realizarse una consulta sinodal que exprese lo más posible la realidad de la comunidad o de la Iglesia local, y la autoridad deberá hacer el nombramiento en función de sus resultados, respetando la articulación entre consulta y deliberación descrita anteriormente. También debe preverse que los miembros de los consejos pastorales diocesanos y parroquiales tengan la facultad de proponer temas para su inclusión en el orden del día, de forma análoga a lo que sucede con los miembros del consejo presbiteral.

106. La misma atención debe prestarse a la composición de los órganos de participación, de modo que se favorezca una mayor implicación de las mujeres, de los jóvenes y de quienes viven en condiciones de pobreza o marginación. Además, es esencial que estos órganos incluyan a personas bautizadas comprometidas con el testimonio de la fe en las realidades ordinarias de la vida y en las dinámicas sociales, con una reconocida disposición apostólica y misionera, y no sólo a personas dedicadas a organizar la vida y los servicios dentro de la comunidad. De este modo, el discernimiento eclesial se beneficiará de una mayor apertura, capacidad de análisis de la realidad y pluralidad de perspectivas. En función de las necesidades de los distintos contextos, puede ser oportuno prever la participación de representantes de otras Iglesias y Comuniones cristianas, a semejanza de lo que ocurre en la Asamblea sinodal, o de representantes de otras religiones presentes en el territorio. Las Iglesias locales y sus agrupaciones pueden indicar más fácilmente algunos criterios para la composición de los organismos de participación adecuados a cada contexto.

 

107. La Asamblea prestó especial atención a las experiencias de reforma y a las buenas prácticas ya existentes, como la creación de redes de consejos pastorales a nivel de comunidades de base, parroquias y zonas, hasta llegar al consejo pastoral diocesano. Como modelo de consulta y de escucha, se propone también que se celebren con cierta regularidad asambleas eclesiales a todos los niveles, procurando no limitar la consulta dentro de la Iglesia católica, sino abriéndose a escuchar la aportación de las demás Iglesias y Comuniones cristianas, y permanecer atentos a las otras religiones presentes en el territorio.

 

108. La Asamblea propone que se valoricen más el sínodo diocesano y la asamblea eparquial como instancias para una consulta periódica por parte del obispo de la porción del Pueblo de Dios que le ha sido confiada, como lugar de escucha, oración y discernimiento, especialmente cuando se trata de opciones relevantes para la vida y la misión de una Iglesia local. El sínodo diocesano puede ser también un foro de rendición de cuentas y de evaluación: ante él, el obispo presenta una relación de la actividad pastoral en los diversos sectores, de la aplicación del plan pastoral, de la acogida de los procesos sinodales de toda la Iglesia, de las iniciativas en materia de safeguarding (protección y cuidado de menores), así como de la administración de las finanzas y de los bienes temporales. Por tanto, es necesario reforzar las disposiciones canónicas en la materia para reflejar mejor el carácter sinodal misionero de cada Iglesia local, previendo que los sínodos diocesanos y las asambleas eparquiales se reúnan con una periodicidad regular. Lo más frecuente posible.

113. La difusión de la cultura digital, especialmente evidente entre los jóvenes, también está cambiando profundamente la percepción del espacio y del tiempo, influyendo en las actividades cotidianas, las comunicaciones y las relaciones interpersonales, incluida la fe. Las posibilidades que ofrece la red reconfiguran las relaciones, los vínculos y las fronteras. Aunque hoy estamos más conectados que nunca, a menudo experimentamos soledad y marginación. Además, las redes sociales pueden ser utilizadas por quienes tienen intereses económicos y políticos que, manipulando a las personas, difunden ideologías y generan polarizaciones agresivas. Esta realidad nos encuentra desprevenidos y requiere la decisión de dedicar recursos para que el ambiente digital sea un lugar profético para la misión y el anuncio. Las iglesias locales deben animar, apoyar y acompañar a quienes se dedican a la misión en el ambiente digital. Las comunidades y grupos digitales de inspiración cristiana, especialmente de jóvenes, también están llamados a reflexionar sobre el modo cómo crean vínculos de pertenencia, a promover el encuentro y el diálogo, a ofrecer formación entre iguales y desarrollar un modo sinodal de ser Iglesia. La red, constituida por conexiones, ofrece nuevas oportunidades para vivir mejor la dimensión sinodal de la Iglesia.

114. Esta evolución social y cultural exige que la Iglesia se interrogue sobre el significado de su dimensión “local” y cuestione sus formas organizativas para servir mejor a su misión. Sin dejar de reconocer el valor de la presencia en contextos geográficos y culturales concretos, es esencial entender el “lugar” como la realidad histórica en la que toma forma la experiencia humana. Es allí, en la trama de relaciones que se establecen, donde la Iglesia está llamada a expresar su sacramentalidad (cf. LG 1) y a realizar su misión.

 

143. Una de las peticiones que ha surgido con más fuerza de todas las partes a lo largo del proceso sinodal es que la formación sea integral, continua y compartida. Su finalidad no es sólo la adquisición de conocimientos teóricos, sino la promoción de la capacidad de apertura y encuentro, de compartir y colaborar, de reflexión y discernimiento en común, de lectura teológica de las experiencias concretas. Por tanto, debe cuestionar todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual) e incluir experiencias concretas debidamente acompañadas. Igualmente fue manifestada la insistencia en la necesidad de una formación en la que participen juntos hombres y mujeres, laicos, consagrados, ministros ordenados y candidatos para el ministerio ordenado, que les permita crecer en el conocimiento y estima mutuos y en la capacidad de colaborar. Esto requiere la presencia de formadores idóneos y competentes, capaces de confirmar con la vida lo que transmiten con la palabra: sólo así la formación será verdaderamente generadora y transformadora. Tampoco debemos pasar por alto la contribución que las disciplinas pedagógicas pueden aportar a la preparación de cursos de formación bien orientados, atentos a los procesos de aprendizaje en la edad adulta y al acompañamiento de las personas y las comunidades. Por tanto, debemos invertir en la formación de formadores.

(EG) Papa Francisco, Exhortación apostólica EVANGELII GAUDIUM. 24 de noviembre, 2013. (Leer/descargar)

8. Sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?

94. Esta mundanidad puede alimentarse especialmente de dos maneras profundamente emparentadas. Una es la fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos. La otra es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente. Son manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico. No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda brotar un auténtico dinamismo evangelizador.

95. Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia ». En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia. Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. En otros, la misma mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. También puede traducirse en diversas formas de mostrarse a sí mismo en una densa vida social llena de salidas, reuniones, cenas, recepciones. O bien se despliega en un funcionalismo empresarial, cargado de estadísticas, planificaciones y evaluaciones, donde el principal beneficiario no es el Pueblo de Dios sino la Iglesia como organización. En todos los casos, no lleva el sello de Cristo encarnado, crucificado y resucitado, se encierra en grupos elitistas, no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica.​

Citas Magisterio
DF15
EG 8
EG 94
DF 19
DF 32
DF 47
DF 67
DF 48
DF 62
DF 63
DF 64
DF 99
DF100
DF 101
DF102
DF 114
DF 143
DF 56
Prioridades
DF 113
DF 104
DF 108
DF 103
EG95
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