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2021-05-30 | Homilía de la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Lecturas de la Misa

Deuteronomio 4, 32-40.

Salmo 32.

Romanos 8, 14-17.

Evangelio según Mateo 18, 16-20

 

HOMILÍA


Comienza el Evangelio que acabamos de proclamar, diciendo que después de la Resurrección de Jesús, los once discípulos fueron a Galilea. Y uno podría preguntarse ¿por qué fueron a Galilea? Y el mismo Evangelio nos dice que es el lugar en donde Jesús los había citado a los discípulos. Justamente, unos versículos antes del Evangelio de hoy, en Mateo 28, 10, parece que Jesús resucitado les dice a las mujeres: "avisen a mis hermanos que vayan a Galilea y allí me verán".


Por eso, entonces, los discípulos van a Galilea y allí se encuentran con Jesús resucitado. Entonces lo primero que uno podría preguntarse es: ¿Por qué a Galilea? Galilea está al norte de Israel. Galilea es una región fronteriza que está en límite con regiones paganas, con gente que pensaba distinto, distinta religión, con pueblos con otras costumbres e ideologías. Pero en Galilea es por donde anduvo Jesús. Galilea es donde Jesús, de algún modo, empezó a anunciar fuertemente la Buena Noticia del Evangelio. Galilea también es el lugar donde, a orillas del mar, Jesús fue eligiendo y llamando a sus discípulos. Galilea también fue el lugar en donde empezó a formarse y caminar la primera comunidad, donde estos discípulos y discípulas se iban reuniendo e iban compartiendo la vida con el Señor. Y habrán aprendido a escucharse, habrán aprendido a perdonarse, habrán aprendido a caminar juntos como Jesús quería, habrán empezado a reconocerse hermanos, dejando de lado las diferencias. Galilea también es el lugar en el que, de alguna manera, todos ellos descubrieron a esta persona. A esta persona que se rodeaba de pobres, a este hombre que se rodeaba de gente que sufría mucho, a este Dios que les iba anunciando la Buena Noticia pero que lo hacía con gestos y con palabras. Qué fuerte habrá sido para todos ellos ver cómo Jesús iba encontrándose y devolviéndole el sentido a la vida a tantos hermanos marginados. Podríamos pensar en Zaqueo, podríamos pensar en la prostituta, podríamos pensar en el hombre de la mano paralizada, podríamos pensar en el Ciego de Jericó. ser testigo de esos milagros, de esos encuentros de Jesús con los pobres. Todo eso sucedió en Galilea.


Y también Jesús los cita en Galilea porque (Jesús) no quiere que ellos se queden anclados ni atrapados en las últimas escenas que vieron cuando Jesús murió en la cruz. No quiere que queden ahí enganchados en el dolor, en el sufrimiento del Gólgota, de ese Calvario, de esa Cruz. Y por eso, entonces, los convoca a Galilea donde Jesús desarrolló todo su ministerio. Por todos estos motivos es que Jesús los convoca a Galilea. No lo hace porque sí.


Y entonces pensaba que nosotros hoy, que celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, es decir, nosotros que hoy celebramos a Dios, este Dios familia, este Dios comunidad, si realmente queremos conocer a Dios, también tendremos que ir a Galilea. Nosotros también estamos invitados a encontrarnos con Jesús en Galilea Por qué Jesús es el rostro misericordioso de Dios. Y entonces, mirándolo a Jesús, vamos a conocer más a Dios. Por eso estamos invitados nosotros también a ir a nuestras galileas. Porque nosotros también, en este tiempo, necesitamos no quedar enganchados en el dolor, en la muerte, en el sufrimiento. No queremos quedar enganchados en nuestros calvarios y necesitamos encontrarnos con un Jesús que nos consuela, que nos acompaña, que está cerca. Por eso tenemos que ir a nuestras galileas. Ir a nuestras galileas es volver al primer amor:

  • Es quizás volver en la memoria de nuestra vida, al momento en el que por primera vez alguien nos habló de Dios.

  • Es volver en la historia de nuestra vida a la primera vez que habremos aprendido a rezar un Padre Nuestro o que en la catequesis nos acercaron un Evangelio.

  • Es volver a decirle a Dios "papá", "Abbá", "papito", cómo nos enseña hoy San Pablo en la Carta a los Romanos. No es volver al pasado para quedar atrapados en el ayer.

  • Es hacer memoria agradecida en el corazón, es volver al primer amor, pero para retomar las fuerzas y seguir adelante.

  • Ir a Galilea, como les decía, también es entrar en contacto con los distintos, porque Galilea era una región de frontera, era una región de gente que pensaba, que creía en otras cosas y por lo tanto, también podremos descubrir que ir a Galilea es descubrir a un Dios que es el Dios de todos. El Dios del que todos somos hijos, más allá de la religión, de la ideología, de las costumbres o de la cultura de cada uno. Reconocer que Dios es papá de todos. Papá o mamá, según como cada uno de nosotros se lo imagine. Y aquí quisiera recordar entonces las palabras de un documento que ya cité del Papa Francisco y de la máxima autoridad del Islam, donde decían: "Por la fe en Dios, el creyente está llamado a expresar la fraternidad universal".

  • Por eso queremos ir a Galilea, para reafirmar que el Dios en el que creemos es el Dios de todos que nos invita a expresar esa fraternidad universal.

  • Y también queremos ir a Galilea porque, como nos dice el Papa y nos dice el Imán musulmán "Dios el omnipotente no necesita ser defendido por nadie y no desea que su nombre sea usado para aterrorizar a la gente".

  • Ir a Galilea, entonces, será volver a descubrir la inmensidad de Dios, pero un Dios que es amor y su nombre no puede ser usado para aterrorizar a la gente.

Y me podrán decir: "Bueno, si el Padre nos insiste con que vayamos a Galilea, queremos ir pero... ¿Cómo hacemos? Y más en este tiempo en el que no se puede viajar. Es que en realidad, ir a Galilea es como les dije, volver al primer amor. Y ¿cómo lo hacemos? Volviendo al Evangelio, porque es en el Evangelio en donde nosotros conocemos todos estos milagros, todo este camino de Jesús, todo lo que hizo por los más pobres, donde vemos los gestos, las palabras, las enseñanzas. Donde lo vemos a Él anunciándonos la Buena Noticia. Volver al Evangelio. Nada nos habla más de Jesucristo que el Evangelio. Decía el Concilio Vaticano II en Dei Verbum 18: "Los Evangelios son el testimonio principal de la vida y de la doctrina del Verbo encarnado, nuestro Salvador". Y entonces volviendo al evangelio a través de Jesús Nuestro Salvador conoceremos más a Dios. A un Dios cercano, a un Dios misericordioso, a un Dios que está cerca de los pobres, a un Dios que está cerca de nuestro sufrimiento.


Qué hermoso, entonces, que podamos animarnos a volver al Evangelio: Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Buscar ese Evangelio que quizás quedó guardado en alguna biblioteca o en alguna caja en casa y animarme, entonces, a volver a recuperar esa primera imagen de Dios. Y alguno me podrá decir: "volviendo a esa época de mi primera imagen de Dios, padre, yo no encuentro al "papito", al "papá", al "Abbá". Encuentro una imagen que me enseñaron de un Dios que castiga, de un Dios milagrero que, si yo hago una promesa, Él me da como si fuese un almacenero, que hacemos un intercambio. De un Dios que me está juzgando, un Dios que me está vigilando". Y entonces te diría "andá a Galilea", con más razón. Si a vos, la imagen de Dios que te dieron no fue la de un Dios familia, un Dios comunidad un Dios misericordioso un Dios cercano a los pobres, andá al Evangelio para poder recuperar la verdadera imagen de Dios. Porque cuando lo veas a Jesús, Él es el rostro misericordioso del Padre. Parece tan fácil y al mismo tiempo es tan difícil y tan desafiante.


Hoy leía un reportaje que le hacían a un sacerdote jesuita y le preguntaban: ¿Qué es lo que la Iglesia tiene para ofrecer al mundo? Y él contestó muy brevemente: "Jesucristo". Eso es lo que tenemos para ofrecerle al mundo: Jesucristo, el rostro misericordioso de Dios. Y si hoy queremos celebrar la Santísima Trinidad tenemos que ir detrás de Jesús ¿A dónde? A Galilea. Donde Él nos mostró todo lo que hizo y todo lo que dijo. Y ¿Cómo lo hacemos? Por el camino del Evangelio. Por eso, creo que es importante volver, en este tiempo de cuarentena en el que estamos todavía, en este tiempo difícil de segunda ola, a centrarnos en lo importante: el Señor Jesucristo. Él nos habla de lo que verdaderamente es Dios.


En la primera lectura del libro del Deuteronomio, del Antiguo Testamento, dice: "el Señor creó al hombre sobre la Tierra". Y después, la Carta a los Romanos dirá: "somos hijos de Dios y también sus herederos". Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, y por lo tanto, si Dios es Santísima Trinidad y es un verdadero misterio del que Jesús nos habla y nos lo muestra, cada hermano, cada uno de nosotros, cada una de nuestras vidas, también es un misterio. Cada uno de nosotros, también, tiene mucho de Dios. Porque "de tal palo tal astilla". Muchos rasgos de Dios están en cada uno de nosotros y por eso, en este tiempo más que nunca, estamos llamados a tratarnos bien. En este tiempo, más que nunca, estamos llamados a respetar a la persona, a no destruirlo hablando mal de él, porque cada uno es un misterio hasta para uno mismo. A no discriminar, a no rechazar, a no excluir. Porque cada uno de nosotros tiene un rasgo de Dios, porque fuimos creados a su imagen y semejanza. Cualquier persona merece todo el respeto. Cualquier persona merece que se respete su dignidad, merece que se respeten todos sus derechos. Somos familia, pero somos familia porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y cada uno de nosotros tiene rasgos de Él.


Un rasgo más de Dios. También el libro del Deuteronomio nos dice que Dios liberó al pueblo de Egipto. Creemos en un Dios liberador que nos libera de todas las opresiones, que nos quiere felices y por eso no nos quiere encadenados ni esclavizados ni oprimidos por los miedos por las angustias pero tampoco esclavizados oprimidos por las injusticias por la violencia por la discriminación pidámosle a Dios a este Dios que nos libera que nos pueda liberar de las opresiones que cada uno sienta en su corazón en este tiempo que nos libere también de la pandemia que tanto agobia la humanidad que nos vuelva a renovar la mirada para descubrir que cada hermano tiene un poquito de Dios y por eso todos merecen el mayor de los respetos todos los hermanos tienen la mayor de las dignidades Y si queremos conocer más a Dios, si queremos saber más de Él, vayamos a Galilea, allí lo veremos ¿Dónde? En las escenas de Jesús, porque Dios es amor, Dios es absoluta misericordia, Dios te perdona de todo, Dios te ama verdaderamente, Dios no te juzga, no te condena. Y no es porque lo diga yo, sino porque el Señor Jesucristo nos lo muestra en cada escena del Evangelio. Volvé a Galilea, volvé al Evangelio. Enamorarte una vez más de las palabras y los gestos de Jesús. Entonces conoceremos más a este Dios que es infinita misericordia.


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